Hay momentos cotidianos, que aparentemente son sencillos, esconden un gran valor educativo. Preparar una infusión, poner la mesa con cuidado, servir al compañero/a con atención… son actividades de la vida práctica que se transforman en auténticas lecciones de convivencia.
En el enfoque Montessori, la gracia y cortesía no se imponen: se presentan y se practican. Aprenden cómo invitar, cómo esperar, cómo servir con delicadeza o cómo agradecer. A través de estos pequeños gestos construyen respeto, autonomía y conciencia del otro.
Cuando dos niños/as comparten un rato así, no sólo están trabajando la coordinación y la concentración; están aprendiendo a formar parte de una comunidad. Y esto, sin duda, es un aprendizaje de por vida.

Català
Español